sábado 10 de octubre de 2009

PRAGA


- Me debes una noche en Praga. Dijo la voz desde el fondo del ascensor.

El corazón comenzó a latirme en la boca. La noche también. Y cuando me di vuelta para mirarla ella ya estaba frente a mí. Cogió mi mano y se la puso entre las piernas mientras me susurraba al oído:

- Exíliame. Exíliame con la dictadura de tu cuerpo a ese país que conoces como la palma de tu mano.

El ascensor se abrió y ella bajó. Te veo en una hora en la habitación 510. Luego cenamos juntos. Toqué la puerta y ella apareció desnuda. La bañera repleta de agua tibia con pétalos de rosa negra flotando en la superficie. Ella se metió y me invitó con la mirada. Entonces fuimos cuerpos abandonados al vaivén de la primavera ahogándose en la noche de un naufragio.

Luego cenamos y en mitad de la cena un desconocido vino hacia nuestra mesa. Ella le dedicó una sonrisa amplia y franca. Te presento a Philippe, mi esposo.

viernes 2 de octubre de 2009

CANTO


- ¿Quién cantará al amor? Me dijo desde la cama, desnuda y comiendo pizza.
- No yo, le dije pleno de certezas.
- Yo amo no canto, dijimos al unísono y reímos juntos.

Comimos pizza. Leímos Pizarnik y nos dormimos abrazados.

domingo 27 de septiembre de 2009

Un ángel en la música

Un agujero en la noche invadido por un ángel. Ella mira y sonríe. Sonríe con su mirada mientras sus labios dibujan palabras en una canción errante. Ella busca aquella otra mirada como un barco blanco busca una isla en el horizonte de su naufragio. La noche baila aturdida por la música. La música cae lenta en la música de su cuerpo. Su cintura dibuja senderos en el aire y su mirada va tatuando palabras en la noche de la fiesta sin aliento. Una mirada desde el vacío de la música puede ser una interpretación del mundo (¿sabías?). Las miradas rinden homenaje al silencio de decírselo todo sin decir nada. Los cuerpos como notas van danzando desiguales en el pentagrama de la noche. Y luego la mirada final de la fiesta que se va con la noche a otra parte. El barco blanco se aleja, y la última mirada traza un interrogante infinito en la línea recta de una sonrisa fugaz…

¿Eres capaz de lanzar una pregunta y dejarme naufragar en la isla desnuda de su respuesta?

jueves 13 de agosto de 2009

LOS SUEÑOS

Cierro los ojos y mando mis manos a explorar la noche. Toco la noche, sé que estoy soñando, un aire frío de invierno inunda mi respiración, como en la calle, inundada de silencios, atiborrada de tantas noches inútiles. Navego con mis manos hasta un mar extenso y privado, habitado por ciudades subterráneas, rocas peligrosas y palabras secretas. Descubro la comisura de tus labios alimentados por una respiración reposada, rítmica, como las olas de un mar lejano empecinadas en arenas también lejanas. La noche nos aleja (¿sabías?), nos vuelve nómades de nuestra vida, nos expulsa a los contornos de nuestros propios sueños. En noches como estas, cuando todo se vuelve nómade, mis manos se orientan hacia el sur, como manada de animales mis dedos bajan por tu mentón alucinados por las tierras de plata que la luz de la luna hace figurar en tu cuerpo desnudo...


A la mañana siguiente, mis manos siguen soñando y dibujan en un espejo la comisura de tus labios, la forma de tus ojos, las dimensiones de tu boca y el contorno de tu rostro. Tu pelo hace de frontera adentrándose irregular en el territorio de tu frente, se derrama sobre un cuello exquisito apenas insinuado por el dibujo. No puedo evitar que mis manos te dibujen, así como no puedo evitar que los sueños existan y que la noche pase.

sábado 1 de agosto de 2009

Ciego leo tu cuerpo


- Me preocupas, ¿dónde estas?, preguntó ella con su letra sinuosa de ojos de verdes.

- En el paraíso, esperando a que me escribas. Respondió él con su letra rápida a punto de caer en el abismo de conversar.

- Yo aquí tu allá. Entonces conversemos, dijo ella, y sonrió contenta al saber que él estaba en esa luna lejana de verano, muy cerca de su teclado.

- ¿Pongo música?, preguntó él.

- Si, pon. Ten. Le acercó rock/metal para que las venas ardan. Y ardieron. Y la fiesta comenzó.

Las palabras iban de un lado para el otro, bailando en la marea negra de irse desnudando: una anécdota, una intimidad, una descripción…Entonces ella escribió en su piel blanca letras negras y le dijo: léeme y dime que lees…

Obediente él comenzó como un niño de primer grado a leer letras inconexas, luego frases incomprensibles hasta que cerró los ojos y acercó sus manos de pianista a esa piel blanca y tersa, y comenzó a recorrerla como se recorre un piano en la soledad de una copa de vino, despacio, indagando con los dedos cada rincón, saltando de una tecla blanca a otra negra, leyendo música en el piano de su cuerpo.

Recorrió así el cuello de su niñez; los párpados de su adolescencia; los senos del primer beso; el sexo de la primera vez; su muslo derecho contando los caminos recorridos; su muslo izquierdo los caminos por recorrer; aquella traición que todavía duerme inquieta en un rincón de su mano derecha; aquel fracaso lejano en el labio superior de su boca; la música de su guitarra en el hueco de su cintura; el llanto lento de su último adiós en el nacimiento de su pubis; aquella vergüenza habitando la sombra de su oreja izquierda; su humor cambiante como el color de su pelo negro, después azul y finalmente castaño; el gusto del vodka en el olvido de la noche….

- ¿Qué lees?, preguntó ella.

- Leo destinos, leo lo que mi dirás mañana. Te leo a ti.




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domingo 7 de junio de 2009

MERIDIANO ABSOLUTO

Festes de Sant Josep. Ella baila y sonríe. Su rostro se confunde con la noche, y la noche con la música y con la tensión en el aire que dejan los cuerpos en movimiento.

Me mira y se acerca con la sonrisa. Quizás le llama la atención que sea un Druida sentado husmeando, en mitad de los festejos, un caparazón de tortuga, como quien busca enigmas, senderos y chocolates en un bote de dulces…

Inesperadamente se sienta a mi lado y dice ¿qué haces? La miré por primera vez y confundí la geometría de su boca con la geometría de la noche, las estrellas organizando un mapa inesperado del cielo.

- Nada, busco geometrías, una en particular. Busco un meridiano.

- Un meridiano, repitió, pensó, gesticuló con el dedo haciendo una línea imaginaria.
- Si, un meridiano, uno absoluto, el que divide el tiempo en dos.

- Y ese meridiano ¿Está escondido en la tortuga?, preguntó y en la comisura de sus labios asomaba el cuerpo de una sonrisa grande y generosa.

- Si, podríamos decir que si, cada hexágono en el que se divide el caparazón tiene una posición geométrica tal que si logras ver la figura que se forma en el centro cóncavo del caparazón logras ver las coordenadas exactas del meridiano absoluto.

Y entonces hice un esfuerzo por explicar que antiguos geometras habían elaborado la idea primera de un meridiano absoluto. Cuando Dios creó el mundo separó la luz de la oscuridad y en ese momento creó un meridiano que separó la noche del día, la noche que quedó del otro lado sería, luego, el día de antes de la creación. Un lugar que aún no hemos explorado.

Ella sonrió ampliamente y se tapó la boca para reprimir lo que en otro momento hubiera sido una risa. Entonces se levantó y me dijo, ven. Me tomó de la mano como a un niño y me llevó al borde de una línea imaginaria que dibujó con su dedo en el suelo y me dijo, ¿saltamos?

Y saltamos juntos de la mano, y las voces y músicas del festejo callaron súbitamente, y todo fue un repentino silencio… caímos del otro lado del mundo, caímos en el día de antes…

Mi cara de asombro fue tal que ella se hecho a reír con ganas. Y entonces una súbita sensación de libertad nos atrapó y nos desnudamos, nos daba vergüenza estar vestidos en ese lugar lleno de árboles verdes, animales pastando, frutos exuberantes y paz extrema. Con nuestros cuerpos desnudos fuimos, quizás por primera vez, animales libres, dos pequeños seres riendo con toda la boca en la inmensidad del paraíso.

Y corrimos al río, y nos bañamos y comimos frutos desparramados por doquier, y conversamos y pensamos que no habría otro lugar más maravilloso que este…Ese lugar donde un día nos encontramos y entablamos un acuerdo tácito de leernos las manos y adivinar el próximo paso, esperando ansiosos un comentario sobre la próxima lluvia, o el próximo sueño, o el próximo tren, o el próximo cuento… Cuando atardecía en el día de antes, ella me miró a los ojos y me dijo: “quizá no debería decirte esto pero no sería yo si no lo hiciese... Me encantas”.

Sus palabras me besaron. Después ella saltó de nuevo hacia el otro lado de la línea y volvió al mundo que dejamos. Cuando salté a mi turno, la vi alejarse y darse vuelta, y mirarme y enviarme un beso con la mano que me llegó en el barco de su sonrisa. Se giró y ya de espaldas sus manos me hicieron un gesto divertido prometiendo regalarme otro encuentro en el paraíso.

Desde ese día quedé crucificado para siempre en el eco de sus palabras, y la mitad de mí se quedó en la noche de aquel lugar maravilloso.

Por eso, cuando atardece en el mar, vuelvo a mi vida de Druida, y siempre es de noche.





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viernes 15 de mayo de 2009

LOBO DE OJOS AZULES

Bordeaba la montaña en su automóvil mientras el atardecer acorralaba el bosque en lo espeso de su vegetación cerrada.

Las nubes nadaban en el cielo formando figuras extrañas: aves bebiendo, leopardos corriendo, el perfil de un águila extraviada. La noche acercaba su cintura de mujer al filo de esas imágenes efímeras anunciando un abismo.

Detuvo el automóvil al borde de la ruta y se bajó para mirar despacio lo que el cielo estaba diciendo. En ese instante un lobo de ojos azules salió del bosque y se acercó temerario.

- ¿Qué quieres, lobo?

- Quiero tus ojos, dijo el lobo con voz ronca. Dio un salto inesperado y le arrancó de un zarpazo los ojos. Y se los puso. Y cuando el lobo descubrió el mundo con los ojos de humano quiso llorar, pero no pudo.

¿Quieres también mis lágrimas?, demandó el ciego.



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domingo 10 de mayo de 2009

CAPITULO 4


Salieron corriendo por la puerta del fondo mientras escuchaban voces, órdenes, luces y pasos apresurados por las escaleras y los corredores.

Pero Erik tenía todo previsto. La puerta del fondo conducía hacia un lúgubre callejón con salida. Pero muy por el contrario de lo que ella hubiera pensado, Erik tenía previsto otro camino, movió un pequeño ladrillo a cuarenta pasos de la puerta de salida y una portezuela se abrió. Se metieron por un pequeño corredor sin luz, a esa altura Elsa ya se había quedado sin tacos y corría descalza sobre un piso húmedo y meloso.

Erik se detuvo súbitamente. Y le tapó la boca en señal de hacer silencio. Por el corredor se escuchaban las botas y los gritos seguir de largo por la única salida visible del callejón. Estremecidos por la persecución respiraban agitados.

Esperemos un rato antes de salir, dictaminó Erik. Y se quedaron en silencio. Y en esa oscuridad que la luna intuía, Elsa sintió el cuerpo de Erik latirle en un abrazo. Totalmente desconcertada se dejó besar despacio, mientras una mano exploraba su cintura y se abismaba en su muslo izquierdo. Elsa sintió repentinamente una marea inundarle el cuerpo entero. La noche se fue enredando en un mar de bocas, manos, piernas y gemidos reprimidos por el silencio que les imponía la fuga.

- Vaya primera cita, dijo Elsa cuando el mar dejó de agitar sus olas.
- ¿Salimos?, quiero mostrarte algo, contestó Erik.

Salieron. Erik tenía un volvo azul aparcado cerca del callejón. Ella sintió alivio en sus pies descalzos. Salieron por la calle mayor. Cuando dieron vuelta por la esquina, Elsa logró ver al argentino esperando en una cabina, simulando hablar por teléfono. Su cuerpo le dictaba fuertes emociones mientras su mente sospechas indecibles.



PD. Esta historia está escrita en cadena con varios amigos. (1) Angie, (2) El Titanic, también se hundió, (3) Yandros, (4) Druida de Noche, (5) Happy Eyes, (6) Albino, (7) Adriana y (8) Cris.

ACTUALIZACIÓN:
Capitulo 1: pincha aqui
CAPÍTULO 2: pincha aqui
CAPÍTULO 3: pincha aquí
Capítulo 4: Druida de noche
Capítulo 5: pincha aqui
Capítulo 6: pincha aqui

lunes 4 de mayo de 2009

LA PUERTA DEL SOL

Ella fabricaba sueños. Decenas de sueños. Soñaba sin cesar.
El escribía cuentos. Decenas de cuentos. Escribía sin cesar.
Un día ella soñó con él escribiendo cuentos y él escribió sobre ella fabricando sueños.

Una tarde se cruzaron por azar en la Puerta del Sol y chocaron sin querer sus miradas. Ella se detuvo, se giró y lo vio de espaldas marchar hacia el norte. Quiso preguntarle por qué escribía cuentos pero pensó que era sueño. Cuando ella reanudó su marcha, él se dio vuelta y la vio irse hacia el sur. Quiso preguntarle por qué soñaba sueños pero le pareció cuento. Y siguieron cada uno por su lado, con la pregunta en la boca, en mitad de un sueño, en mitad de un cuento.

Tú que me sueñas. Yo que te escribo. Esa tarde, ¿nos reconoceremos en la Puerta del Sol?



viernes 1 de mayo de 2009

El ARTE DE ESCRIBIR

Escribir es traducir. Pasar de un lenguaje a otro. Por ejemplo, mis manos traducen tu cintura y la llevan a todos los idiomas de tu cuerpo. Tus piernas traducen las mías, se enredan entre lo chino de sus sombras y lo occidental de tu piel, y juntos inventamos, en espejos repentinos, ideogramas egipcios: un animal que tiene tu cabeza entre mis hombros, mi cabeza entre tus piernas, tus pies en mi espalda, tu boca en mi sexo, mis manos cuadradas en tus pechos redondos; formas y figuras de un animal en movimiento que gime idiomas que el espejo no entiende pero refleja. Luna cayendo blanca en un mar prematuro. Y entre la luna que cae y el mar que la recibe, habita un animal deforme que se lame, se bebe y se devora a sí mismo.

Y eso es un instante.

Escribir es traducir. Pasar de un lenguaje a otro. Por ejemplo, mis idiomas latinos traducen tu adiós en poemas lentos, palabras mudas, cinturas rojas. Traducen sin llegar al lenguaje de las sensaciones. El amor, Lisette, es ese animal moribundo que las palabras prolongan en el tiempo. La luna no cae, el mar no recibe y el tiempo no pasa. El viento se acuerda de tu nota azul suspendida en mi puerta negra: je ne t´aime plus.

Y eso es para siempre.